Dos artefactos explosivos de bajo poder fueron detonados esta semana frente a un hotel y un banco en la capital chilena, sumándose a un centenar de hechos similares en los últimos años reivindicados por grupos que se dicen anarquistas, cuya forma de actuar desconcierta a las autoridades.

El martes explotó un artefacto en las afueras del Hotel Marriot (en el este Santiago) que dejó un guardia de seguridad lesionado, en un acto reivindicado por el desconocido grupo 'Banda Dinamitera Efraín Plaza Olmedo', por el nombre de un anarquista que en 1912 asesinó a dos estudiantes en el centro de Santiago.

El último ataque -no revindicado aún- se produjo la madrugada del jueves, cuando explotó un artefacto en una sucursal del BancoEstado, al norte de Santiago.

"El Chile real no tiene que ver con ese tipo de situaciones y la ciudadanía condena ese tipo de acciones, por cualquier causa que se las quiera justificar", dijo la vocera del Ejecutivo, Carolina Tohá, sobre los ataques.

Desde 2004 se han registrados 104 ataques explosivos en Santiago, todos con artefactos de fabricación artesanal y escaso poder, que han provocado destrozos pero no muertos, y sólo heridos leves.

El modus operandi es similar en todos los casos: artefactos artesanales de bajo poder, destinados a generar algunos destrozos y no víctimas, colocados preferentemente en la madrugada.

Su blanco preferido han sido los bancos, aunque también sedes diplomáticas, gimnasios, farmacias y hasta un cuartel de la Policía de Investigación.

Los ataques han sido vinculados por las autoridades a grupos de jóvenes anarquistas con motivaciones diversas, que van desde la reivindicación de la causa de los indígenas mapuche hasta la caída del capitalismo.

Las reivindicaciones usualmente se hacen mediante panfletos que se dejan en el lugar, aunque también mediante correos electrónicos a medios de comunicación locales.

Estos grupos se han presentado con 27 nombres distintos, en la mayoría de los casos recordando a anarquistas locales o extranjeros.

Fue el caso de una explosión frente a la embajada británica en Santiago el 16 de julio de 2007, reivindicada por las 'Fuerzas Autónomas y Destructivas Leon Czolgosz', por el nombre del anarquista que en 1901 asesinó a balazos al entonces presidente de Estados Unidos, William McKinley.

El proceder de estos grupos no ha podido ser contrarrestado por el Estado, que maneja las investigaciones con total hermetismo.

Tras años de investigación, se ha logrado el arresto de Cristián Cancino, sin profesión conocida -detenido tras una ataque a una farmacia el 27 de marzo pasado- y la orden de detención contra Diego Ríos, un estudiante de filosofía sindicado de distribuir pólvora negra, detonadores y otros elementos para la elaboración de explosivos.

"Los anarquistas operan a través de una 'cadena de compartimentaje': uno elabora la pólvora, otro la comercializa, después otro fabrica el artefacto, lo vende, otro da las instrucciones (...) Así, evitan la adjudicación directa de la responsabilidad, evitan las conexiones entre ellos mismos", explicó el ex policía y experto en seguridad Pedro Valdivia a la AFP.

"Estos atentados no obedecen a objetivos claros, son anarquistas y, como tales, están en contra de todo y por eso pretenden causar daño al régimen establecido, a través de ataques contra lugares simbólicos, como instituciones, legaciones, bancos", agregó.

Valdivia precisó que el objetivo de estos grupos es crear intranquilidad y "generar semillas que fecunden el interés de más jóvenes desviados que quieran vincularse a ellos".

El anarquismo chileno tiene sus raíces en los finales del siglo XIX, fue muy activo a comienzo del siglo pasado y ahora su participación es más bien marginal.

"Es muy posible que sean grupos minoritarios y no tantos como se piensa y ellos hacen creer", dice Valdivia.