Noemí recibió la unción azul con el fantasma de Arias presentes // Noemí Sanín durante la convención conservadora(Fotos: Laura Rico Piñeres)

Noemí fue proclamada candidata única del Partido Conservador ante cerca de cuatro mil pesonas

Andrés Felipe Arias no estuvo en la Convención Conservadora, pero su fantasma sí. Recorrió los pasillos del centro de convenciones, estuvo entre la multitud y asustó a los notables azules sentados en primera fila. En los discursos lo evocaron varias veces como el hombre que no cumplió su palabra. Y, al final, el partido se unió en torno a Noemí y en contra de él.

La convención tuvo un comienzo lento, como si se tratara de una larga etapa ciclística. En la mesa principal hablaban entre otros el rector de la Universidad del Rosario, Hans Peter Knudsen; Carlos Martínez, director de la Academia del Pensamiento Conservador, y la fórmula vicepresidencial de Noemí, Luis Ernesto Mejía. Ninguno hablaba de política, sino de programas y doctrinas. O mejor, sí hablaban de política, pero no de la que quería oír la gente.

Abajo sólo se mencionaban dos nombres: Andrés Felipe Arias y Juan Manuel Santos. Mucho más el primero que el segundo. Los delegados del partido y los asistentes se reunían en corrillo para criticar. Pero no lo hacían de cualquier manera: parecían técnicos de un equipo analizando el rival de turno. "Arias se fue, pero su gente tiene el corazón azul"; "los que se fueron no ponen votos"; "¿quién es, a final de cuentas, Arias?"; "no sigamos hablando de la 'disciplina para perros', no le demos esa comidilla a la prensa".... Era fácil coger las conversaciones al vuelo, mientras caminaba por los corredores.

Cuando yo interrumpía alguna de las conversaciones para preguntarles por alguno de estos temas, todos asumían la actitud ceremoniosa de alguien que va a dar un discurso. Entonces las declaraciones se volvían frases de cajón: "el partido está más unido que nunca", me dijo uno. Hice de cuenta que anotaba esa frase. "¿Qué hay problemas? ¡Claro que hay problemas!, pero estamos acá trabajando", me dijo otro. Ya no hablaban cómo técnicos sino como futbolistas.

En la sala de prensa repartieron un comunicado de Arias a la opinión pública. "El partido evidencia fractura en sus bases. Cada día vemos más conservadores apoyando otras propuestas políticas. Los votos de las casas conservadores tradicionales no son 'tres voticos'", decía un aparte. "Por ello invito a que se evalúe la posibilidad de construir alianzas con otros proyectos políticos afines", remataba. Tal vez si hubiera estado en la convención, Arias no habría logrado el protagonismo que tuvo.

Después del receso, hacia las cinco de la tarde, comenzó la recta final de la convención. Dijeron entonces que había cuatro mil personas presentes. La mayoría de ellas en el enorme salón, que fue acondicionado a imagen y semejanza de una convención gringa; otra parte en dos salones adicionales que tenían transmisión por televisión, y una parte más, dispersa en los corredores.

El primer discurso estuvo a cargo de Marta Lucía Ramírez. Su tono fue plano, casi corporativo. Se cuidó de no lanzar demasiadas puyas y, como precandidata derrotada en la consulta, ofreció todo su respaldo a Noemí. "Entramos en acuartelamiento de primer grado", dijo.

La siguió José Galat que fue, hasta ese momento, el orador que más entusiasmo despertó. Dijo que era un hombre de palabra - en clara alusión a 'Uribito' - y recordó la gloriosa historia del Partido Conservador, que por supuesto para él se origina en los valores católicos.

El aplausómetro marcaba más cuando se pronunciaba la palabra 'Pastrana' que cuando se pronunciaba 'Uribe'. No podría decir que se trataba de un auditorio anti-urbista, ni mucho menos, pero sí parecía más un grupo de leales a la figura tradicional del partido.

Siguió Álvaro Leyva, que trajo su verbo de plaza pública directo a la tarima del centro. Alzó la mano, gritó, se deshizo en elogios con Noemí y le habló directo al ex ministro de Agricultura. "Señor Andrés Felipe Arias", le decía como si lo estuviera viendo en algún rincón, "no estamos acá por disciplina para perros, sino por convicción".

Leyva le cedió la palabra el ex presidente Betancur, que salió de su retiro - como él mismo lo dijo - para apoyar a su ex Ministra de Comunicaciones. Betancur no se quedó en las peleas coyunturales sino que le dedicó su prosa a temas históricos, políticos y filosóficos. ¿Qué es Nación?, se preguntó y ofreció decenas de respuestas.

El último telonero, la estrella antes de la estrella, fue el ex presidente Andrés Pastrana. También elogió a Noemí, también habló de la gloria del partido y también le lanzó dardos a Arias. Pero sobre todo centró sus fuerzas en Juan Manuel Santos, su ex ministro de Hacienda. Leyó casi toda la columna que Santos escribió en 2003, cuando defendió la obra de Gobierno de Pastrana. "Mis dos ex ministros", repetía en alusión a Santos y Angelino Garzón. Después puso la mira en los 'falsos positivos'. No es posible que los triunfos militares sean responsabilidad del Ministro mientras las derrotas y los problemas son responsabilidad de los subalternos, dijo en palabras más, palabras menos.

Y llegó el final de la noche con la aparición de Noemí. Se elevó desde el piso, como una estrella de rock, y recibió los aplausos y las vivas de los asistentes. La gente estaba entusiasmada, pero también cansada después de una larga jornada. Sanín no le dedicó más que una mención a Arias. Le dio las gracias y lo invitó a trabajar. Y siguió de largo. Le dio las gracias a Uribe - "quiero rendirle un homenaje", dijo - y habló de su programa de gobierno.

La convención terminó con un mensaje de unidad, con plenos poderes para Noemí y con una energía renovada para la campaña, que viene lidiando con las deserciones y las manchas verdes en el panorama. Al final me preguntaba a quién le hablaron todos los que hablaron: ¿al grueso de los colombianos, que no deben entender o no quieren saber nada más de la pelea con 'Uribito, de las "fuerzas vivas" del partido o de la gloria conservadora?, ¿a los militantes del partido?, ¿a 'Uribito'?

La campaña de Sanín no quiere pensar más en eso. No le da importancia o trata de no hacerlo. Ahora sí, dicen. Después de la convención las cosas serán a otro precio. Tal vez ya no se hable más de Arias, pero a mí me pareció verlo ayer paseándose por el centro de convenciones. Y aunque no creo en fantasmas, que existen, existen.