
Chavistas se concentran en la Plaza Caracas | William Dumont
El presupuesto fiscal de gastos del próximo año contempla 146 proyectos que por un monto de 34,8 millardos de bolívares fuertes, asignados a distintos organismos públicos, tienen como directriz estratégica la "construcción de la suprema felicidad social", según especifica la Ley de Presupuesto Nacional 2010, a tono, en teoría, con los ejes del sistema político socialista definido por el Gobierno en el Plan de la Nación 2007-2013.
Ocho de esos proyectos cuentan con una partida superior al millardo de bolívares fuertes, y uno de ellos, por 2,85 millardos de bolívares fuertes, será directamente administrado por la Presidencia de la República para atender las peticiones de ayuda que diariamente se reciben en ese despacho.
También se financiarán con esos recursos las distintas misiones.
"Cuando está a punto de afrontar un año electoral, resulta evidente que el Presidente quiere tener acceso a partidas presupuestarias que pueda usar con discrecionalidad para financiar sus redes clientelares, muchas de las cuales están constituidas por los consejos comunales", señala Herbert Koeneke, doctor en Ciencias Políticas y profesor de la Universidad Simón Bolívar.
Un sistema que se dice socialista pero que aplica estrategias capitalistas para obtener dividendos políticos, y que a pesar de los monumentales recursos económicos no logra, en la práctica, satisfacer las necesidades básicas de la población.
Analistas políticos sostienen que el discurso oficial que vende la búsqueda de la plenitud por la satisfacción de las necesidades populares se cae ante una gestión que no ha impedido el recrudecimiento de los problemas que preocupan más a los venezolanos, a pesar de los altos recursos económicos con los que cuenta el Ejecutivo.
"Obviemos la carga política que suele tener el discurso presidencial, y enfoquémonos en las fallas de gestión que Chávez ha admitido: la crisis mundial que finalmente nos afectó, la dificultad de frenar el alza de los precios, el deterioro de misiones como Barrio Adentro -uno de sus programas estelares-, y los problemas en el suministro de agua y luz. Resulta evidente que el nivel de satisfacción popular está lejos de conseguirse", dijo Luis Vicente León, director de Datanálisis.
Una demostración de que la intención gubernamental de alcanzar la "felicidad suprema" no está cumpliéndose es que hasta finales del mes pasado se registraron 1.771 protestas motivadas por la ineficiencia en el manejo de políticas públicas.
El último reporte de la Mesa Social de la Unidad advierte que la mayoría de las protestas tenían como fin exigir reivindicaciones laborales, mejoras en el servicio de electricidad y agua, y mejoras en vialidad.
La oferta más sencilla. La promesa de bienes tan abstractos como "la felicidad" libera al Gobierno de la presión de ser evaluado en base a parámetros que permitan determinar cuán eficiente es para solucionar los problemas sociales de los ciudadanos, explica Ángel Oropeza, doctor en Ciencias Políticas y catedrático de la Universidad Simón Bolívar.
"Para el Presidente es más sencillo ofrecer la `búsqueda de una felicidad absoluta y suprema', que asegurarle al pueblo que construirá un número determinado de viviendas o que resolverá las fallas de los servicios públicos en un tiempo específico, más allá de responsabilizar a otros, generalmente a los ricos, de esos problemas", señaló Oropeza.
Koeneke afirmó que en la población hay muchas expectativas frustradas porque, a pesar de los ingresos que recibe el Estado, las necesidades no son eficientemente atendidas.
El profesor de la USB sostiene que ayudar a los sectores más desposeídos no es negativo, siempre y cuando existan los controles necesarios para supervisar que las obras realmente se ejecuten y que no se queden en meras promesas.
"Pero la falta de esos controles ha posicionado la corrupción en el país como uno de los principales problemas que aquejan a los ciudadanos".



















